jueves, 18 de junio de 2015

El niño, la imagen, la flor, el viento y yo somos el mismo. ( Carlos Granados Gamboa )

















El niño, la imagen, la flor, el viento y yo 
somos el mismo.

Si te detienes un instante, podrías tal vez,
darte cuenta de tantas cosas que ocurren junto a ti,
por la esquina una señora corre con su niño para llegar a la escuela

allá tras el portón del templo de la educación

el niño de ojos pálidos, grandes, sombríos mira hacia afuera,

quieto, inmóvil, taciturno, no ríe con sus compañeros,

no juega con ellos, solo espera…


En la puerta del supermercado una imagen del corazón de Jesús
da la bienvenida a los clientes del día,
una imagen cuya presencia pasa desapercibida

nadie le ora, nadie la nota, nadie la mira,




la iglesia del pueblo está a puertas abiertas también,
una persona dobla rodillas al santísimo
tal vez pide favores, quizás de gracias a Dios,
se enjuta el rostro; pedía perdón,
el crucifijo lo mira fijo, apunta su mirada
en un gesto acusador, el fiel reza, suspira,
se arrodilla, le reclama, en silencio todo en silencio
solo ellos saben el contenido de aquella conversación
el crucifijo no se inmuta ante aquel acto de constricción,
¡solo tú no me has tenido asco Señor¡ es lo que se escuchó
-te hará bien, te sentirás mejor. Decía el sacerdote,
al contrario pues la verdad es que aquel hombre
salió de la iglesia con más dolor,
por aquella mirada, aquel gesto acusador

La orquídea florece, invitando a las arañas a hacer su nido
entre sus hojitas verdes, y sus tallos tiernos,
las arañas asienten y así lo han hecho, acudieron al llamado
las hojas de la orquídea se secan poco a poco
le falta el agua, nadie le habla, le falta sol.

Así pasan los días en aquel pueblo de Dios,
allá donde hasta el viento cuando viaja en ráfagas
se detiene y sigue despacito para ver los paisajes,
los bellos, ríos, su gente amable, los cafetales…

La niña, la imagen, el crucifijo, la orquídea, el viento
el feligrés y este escritor comparten algo en común
todos son el mismo, porque a veces es el niño que
quiere llorar en tu regazo, otras la imagen religiosa que
no te dignas mirar cuando pasas, otras el feligrés que ora por ti todos los días,
a veces la orquídea que nadie cuida, y en las noches el viento,
el viento que pasa a través de tu ventana
que da vuelta en la habitación, que apaga la vela
que se mete en tus sabanas, que besa tu piel y
que no se puede quedar…se va, se pierde en la noche
y perece en medio del cafetal…

El niño,la imagen, la flor, el viento y yo somos el mismo.
Autor Carlos Granados Gamboa