viernes, 18 de marzo de 2016

Romance de las carretas,Julián Marchena





Julián Marchena nació en San José (Costa Rica) el 14 de marzo de 1897
Romance de las carretas,Julián Marchena
Cuando el día ya no es día
Y la noche aún no llega,
-perfiles desdibujados,
cielo azul de luces trémulas-,
por las rutas del ensueño
van rodando las carretas.
Bajo el patio de las sombras
se entrecruzan las consejas:
héroes y aparecidos
de rondalla y de leyenda,
La Llorona y El Hermano,
El Cadejos y la Cegua
y la Carreta sin Bueyes
que arrastra son de cadenas…

El manto de la penumbra
Rasgan miles de luciérnagas.

De madrugada las yuntas
que están rumiando a su vera,
poco antes de ser uncidas
clavan los ojos en ellas;
su comprensiva mirada
largo rato las contempla
y al escuchar un cencerro,
pausadamente menean
el hisopo de la cola
y con vaho las inciensan.
Como una flor luminosa
se abre la mañana espléndida.

Ambulancias campesinas
hormigas de las cosechas,
cándidos lechos nupciales
y trashumantes viviendas,
se mueven siempre sin prisa,
-tarde o temprano se llega-,
y sobre el polvo o el barro
detrás de sí sólo dejan,
como las almas afines,
ondulantes paralelas.

A largos trechos, reposan.
Ya sin los bueyes, semejan
cañones que no disparan,
aves con el pico en tierra
y, a su alrededor, los niños
en gráciles rondas juegan.

A veces en la pendiente
que a su término se arquea,
voltejeadas de súbito
por acrobacia grotesca,
trazan en el precipicio
espeluznante pirueta,
y al estrellarse en la sima
dan remate a una tragedia.
Una cruz lo dice todo:
está sin nombre y sin fecha.

Croan las ranas ocultas,
el grillo rasca su cuerda,
los gallos, a la distancia,
dan isócronos alertas,
algún remoto ladrido
el viento nocturno lleva,
y, quejumbrosas y a tumbos,
enfílanse las carretas,
-agudo violín, chirriando,
grave tambor, en las piedras-,
entretanto marcan ritmo
con altibajos y vueltas
los chuzos, que son batuta
de las rústicas orquestas.

Al emprender el retorno
se advierte que van de fiestas;
aligeradas de carga,
dieron fin a la faena.

Menudos brincos ensaya
el telón de las compuertas.

La noche sobre los campos
todos sus aromas riega.
Y si a lo largo del viaje
algún riachuelo atraviesan,
báñanse en agua con luna,
-flecos de plata en las ruedas –
y sus enhiestos parales
dialogan con las estrellas.